1000: Almanzor, caudillo de al-Ándalus
Si Abderramán III es el rey de Al Ándalus y Averroes su filósofo, Almanzor es el soldado.
Hace cosa de mil años, año arriba año abajo, protagonizó las más sonadas y triunfantes campañas militares por los reinos cristianos. Sembró el terror y arrasó Santiago de Compostela, centro espiritual de lo que había quedado de España. Su nombre permanecería grabado a fuego durante generaciones, y aún hoy es sinónimo de caudillo invencible, porque a Almanzor el victorioso sólo le derrotó la muerte.
A mediados del siglo X la antigua Hispania romana se había convertido en un califato musulmán. Los árabes que habían llegado tres siglos antes serían bárbaros iletrados, pero no tontos; se habían quedado con lo mejor: las costas del Mediterráneo, tapizadas de palmeras y naranjos en flor, y los fértiles valles del Ebro y el Guadalquivir, que son una delicia y huelen a azahar. Lugares, en suma, muy agradecidos, donde el Islam echó raíces y floreció.

