1936 :Guerra Civil española (1936 -1939)
Mientras los distintos partidos y tendencias del bando nacional se unían como una piña y aplazaban sus diferencias para cuando se ganara la guerra; en el bando republicano la autoridad quedaba difuminada entre un sinfín de organizaciones obreras, comités, sindicatos, milicias y cantones.
En lugar de arrimar el hombro en la empresa común hasta constituir un frente sólido y coordinado contra los rebeldes; en lugar de aplazar la revolución social para después de la victoria, se dieron a colectivizar la producción, y a gestionar "democráticamente" industrias y explotaciones cuyo funcionamiento desconocían.
Ya lo dejó dicho Azaña en sus memorias: «Rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede.» Faltaban oficiales en el frente, especialmente los imprescindibles mandos medios, y faltaban cuadros técnicos en la retaguardia.En 1937, las utopías revolucionarias del bando republicano se desvanecieron. La grandeza, el sacrificio y el idealismo de los primeros días se convirtieron en mezquindad y codicia sobre el botín cobrado a la clase perseguida.
Otra vez la secular envidia española tomaba pretextos en la justicia social. Mientras la turba de grupúsculos, comités y organizaciones de izquierdas se ponía de acuerdo sobre quién reunía mayores méritos para dirigir al resto, Franco había desembarcado en Andalucía y avanzaba por casi todos los frentes. A la incertidumbre sobre el resultado final de la contienda, que poco a poco se iba abriendo camino incluso entre los más optimistas, se sumaba la dura realidad de la escasez, consecuencia del insensato derroche del período precedente.
La sufrida población civil fue aprendiendo a engañar el hambre con pipas de girasol e inventó las chuletas sin carne y la tortilla de patatas sin huevo y sin patatas. Mientras tanto, los comunistas predicaban en el desierto por una dirección unitaria (la suya, claro está) en la coyuntura bélica,pero las otras organizaciones obreras seguían erre que erre en sus rencillas: los militantes de la CNT, divididos sobre la conveniencia de tomar parte activa en un gobierno (ellos estaban contra cualquier forma de gobierno), y los revolucionarios del POUM, sublevados en Barcelona después de desmarcarse del Frente Popular porque les parecía tibio.
Los comunistas aprovecharon la ocasión para cobrarse la cabeza de Largo Caballero, su adversario político, al que hacían responsable de todos los males. Las turbias aguas de la izquierda volverían a su cauce con el gobierno de Juan Negrín, coalición de socialistas, comunistas y republicanos.
Con Franco a las puertas de Madrid, parecía que la partida estaba decidida pero entonces el esfuerzo heroico del ejército del centro, hábilmente dirigido por el general Miaja y considerablemente reforzado por las Brigadas Internacionales (de inspiración comunista) y por las nuevas armas rusas, consiguió aplazar la derrota y prolongar la guerra por espacio de dos sangrientos años.
El esfuerzo bélico requería suministros de armas, munición y carburante, que sólo podían llegar del extranjero. No faltaron generosos padrinos que respaldaron a cada bando, según afinidades y conveniencias. Las naciones totalitarias, Italia y Alemania, prestaron decidida ayuda al bando rebelde, mientras que las democracias occidentales, Inglaterra y Francia, que teóricamente apoyaban al bando republicano, alegaron el acuerdo de no intervención para maquillar su escaso entusiasmo ante la perspectiva de una España republicana en manos de elementos comunistas del Frente Popular. Ellos, aunque democracias, eran gente de orden. Por eso, crearon las condiciones esenciales para que Franco triunfara y le hicieron llegar la gasolina que había de mover los aviones alemanes y las tanquetas italianas.
La única que puso toda la carne en el asador (aunque se lo cobró por anticipado con el oro del Banco de España) fue la Unión Soviética, lo que parece natural. A ella le interesaba la implantación de un satélite comunista en el vientre blando de Europa. La popularidad ganada con su apoyo determinó, un inusitado crecimiento del Partido Comunista, que antes de la guerra no era muy numeroso.Algo parecido ocurrió, en el bando nacional, con el partido falangista crecido a imagen y semejanza del partido fascista italiano.
Dos ataques nacionales algo prematuros sobre Madrid terminaron en sendos descalabros (batallas del Jarama, febrero de 1937, y de Guadalajara, al mes siguiente, donde los expedicionarios italianos no se cubrieron de gloria). Después, la balanza se mantuvo en el fiel durante unos meses, pero, ya entrado 1938,se vio claro que ni siquiera "los tanques y los aviones rusos evitarían la ruina de la República. Franco comprendió que las uvas no estaban maduras, se armó de paciencia, dejó en paz Madrid y se fue con la música a otra parte, al Cantábrico, atraído por la mayor concentración industrial republicana. La gran obertura resultó quizá más sonada de lo que había previsto, pues el bombardeo de Guernica por aviones alemanes de la Legión Cóndor (donde Hitler montó su banco de pruebas para lo que habría de venir en Europa unos años después) tuvo repercusiones internacionales muy negativas para el bando nacional, la más duradera en el Guernica, el famoso cuadro que pintó Picasso, un lienzo impresionante, apaisado, destinado a sustituir el relieve de la Santa Cena en la devoción de los hogares progres de los años sesenta y setenta. (El conocido dibujo del Che Guevara sustituiría, por su parte, el retrato vertical del Sagrado Corazón de Jesús.)
En medio año, Franco conquistó el norte. Con el acero vasco, el carbón asturiano y los jureles del Cantábrico del lado rebelde, la balanza se inclinaba decisivamente hacia los nacionales. Ya se sabía quién iba a ganar la guerra. Sólo era cuestión de tiempo. Entonces, Franco volvió sus ojos hacia Madrid, que nuevamente se daba ánimos con el «no pasarán».
Los republicanos, en un intento por aliviar la presión enemiga, lanzaron una potente ofensiva por la zona de Teruel. A muchos grados bajo cero, con la piel adherida a tiras a los cañones helados de los fusiles, los dos bandos se zurraron durante interminables semanas en penosísimas condiciones. Franco no sólo recuperó Teruel, sino que prosiguió su avance hasta alcanzar el Mediterráneo a la altura de Vinaroz, dividiendo el territorio enemigo en dos zonas incomunicadas.
El siguiente paso era descender hasta conquistar Valencia, la capital republicana desde la evacuación de Madrid.Parecía que el ejército de la República había perdido toda iniciativa y sólo aspiraba a ganar tiempo y retrasar en lo posible el fatal desenlace.
Entonces, estalló la bomba, la gran sorpresa, la noticia en titulares de todos los periódicos del mundo:en la madrugada del 25 de julio de 1938 los republicanos contra atacaron y cruzaron el Ebro, abriendo brecha en el sorprendido flanco rebelde, por la que introdujeron seis divisiones completas.
Comenzaba la batalla del Ebro (cien mil bajas). Los nacionales, dueños del aire, lograron frenar el avance republicano al día siguiente. Estabilizado el frente, Franco recuperó la iniciativa y durante los dos meses siguientes lanzó hasta siete ofensivas, que el ejército republicano contuvo a costa de rebañar y sacrificar sus últimas reservas. Al final, tres meses y tres semanas después del inicio de la aventura, la República cedió los cuatro palmos de tierra que había ganado y regresó al otro lado del río. Estaban como al principio, pero la izquierda carecía de fuerza para prolongar la resistencia.
Por otra parte, las democracias occidentales la habían desahuciado.Con Hitler suelto por Europa, no estaba el horno para bollos y cada cual se estaba tentando la ropa.
La conquista de Cataluña fue un paseo militar mientras el bando republicano se enzarzaba en estériles discusiones sobre qué grupo político era el responsable de que perdieran la guerra. Después, recobraron la sensatez para decidir si convenía tirar la toalla o seguir recibiendo leña del enemigo. Los comunistas querían continuar, pero sus adversarios políticos abogaban por la paz, que evitaría al pueblo sufrimientos inútiles. La hambruna señoreaba la zona republicana.
El siete de marzo de 1939, en Madrid, los comunistas llegaron a las manos con sus adversarios. Veinte días después, las tropas de Franco entraron en una ciudad donde sus numerosos partidarios (la quintacolumna), y los conversos del miedo o la conveniencia se echaban a la calle con saludos brazo en alto y tremolar de patrióticas banderas rojas y amarillas. A los pocos dias se publicaba la famosa carta de carrillo repudiando a su padre ;En los campos de España, criaban malvas entre doscientos cincuenta mil y trescientos mil muertos. En el exilio (europeo, hispanoamericano o norteafricano), empezaban a coleccionar nostalgias u olvidos unas cuatrocientas mil personas.
En lugar de arrimar el hombro en la empresa común hasta constituir un frente sólido y coordinado contra los rebeldes; en lugar de aplazar la revolución social para después de la victoria, se dieron a colectivizar la producción, y a gestionar "democráticamente" industrias y explotaciones cuyo funcionamiento desconocían.
Ya lo dejó dicho Azaña en sus memorias: «Rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede.» Faltaban oficiales en el frente, especialmente los imprescindibles mandos medios, y faltaban cuadros técnicos en la retaguardia.En 1937, las utopías revolucionarias del bando republicano se desvanecieron. La grandeza, el sacrificio y el idealismo de los primeros días se convirtieron en mezquindad y codicia sobre el botín cobrado a la clase perseguida.
Otra vez la secular envidia española tomaba pretextos en la justicia social. Mientras la turba de grupúsculos, comités y organizaciones de izquierdas se ponía de acuerdo sobre quién reunía mayores méritos para dirigir al resto, Franco había desembarcado en Andalucía y avanzaba por casi todos los frentes. A la incertidumbre sobre el resultado final de la contienda, que poco a poco se iba abriendo camino incluso entre los más optimistas, se sumaba la dura realidad de la escasez, consecuencia del insensato derroche del período precedente.
La sufrida población civil fue aprendiendo a engañar el hambre con pipas de girasol e inventó las chuletas sin carne y la tortilla de patatas sin huevo y sin patatas. Mientras tanto, los comunistas predicaban en el desierto por una dirección unitaria (la suya, claro está) en la coyuntura bélica,pero las otras organizaciones obreras seguían erre que erre en sus rencillas: los militantes de la CNT, divididos sobre la conveniencia de tomar parte activa en un gobierno (ellos estaban contra cualquier forma de gobierno), y los revolucionarios del POUM, sublevados en Barcelona después de desmarcarse del Frente Popular porque les parecía tibio.
Los comunistas aprovecharon la ocasión para cobrarse la cabeza de Largo Caballero, su adversario político, al que hacían responsable de todos los males. Las turbias aguas de la izquierda volverían a su cauce con el gobierno de Juan Negrín, coalición de socialistas, comunistas y republicanos.
Con Franco a las puertas de Madrid, parecía que la partida estaba decidida pero entonces el esfuerzo heroico del ejército del centro, hábilmente dirigido por el general Miaja y considerablemente reforzado por las Brigadas Internacionales (de inspiración comunista) y por las nuevas armas rusas, consiguió aplazar la derrota y prolongar la guerra por espacio de dos sangrientos años.
El esfuerzo bélico requería suministros de armas, munición y carburante, que sólo podían llegar del extranjero. No faltaron generosos padrinos que respaldaron a cada bando, según afinidades y conveniencias. Las naciones totalitarias, Italia y Alemania, prestaron decidida ayuda al bando rebelde, mientras que las democracias occidentales, Inglaterra y Francia, que teóricamente apoyaban al bando republicano, alegaron el acuerdo de no intervención para maquillar su escaso entusiasmo ante la perspectiva de una España republicana en manos de elementos comunistas del Frente Popular. Ellos, aunque democracias, eran gente de orden. Por eso, crearon las condiciones esenciales para que Franco triunfara y le hicieron llegar la gasolina que había de mover los aviones alemanes y las tanquetas italianas.
La única que puso toda la carne en el asador (aunque se lo cobró por anticipado con el oro del Banco de España) fue la Unión Soviética, lo que parece natural. A ella le interesaba la implantación de un satélite comunista en el vientre blando de Europa. La popularidad ganada con su apoyo determinó, un inusitado crecimiento del Partido Comunista, que antes de la guerra no era muy numeroso.Algo parecido ocurrió, en el bando nacional, con el partido falangista crecido a imagen y semejanza del partido fascista italiano.
Dos ataques nacionales algo prematuros sobre Madrid terminaron en sendos descalabros (batallas del Jarama, febrero de 1937, y de Guadalajara, al mes siguiente, donde los expedicionarios italianos no se cubrieron de gloria). Después, la balanza se mantuvo en el fiel durante unos meses, pero, ya entrado 1938,se vio claro que ni siquiera "los tanques y los aviones rusos evitarían la ruina de la República. Franco comprendió que las uvas no estaban maduras, se armó de paciencia, dejó en paz Madrid y se fue con la música a otra parte, al Cantábrico, atraído por la mayor concentración industrial republicana. La gran obertura resultó quizá más sonada de lo que había previsto, pues el bombardeo de Guernica por aviones alemanes de la Legión Cóndor (donde Hitler montó su banco de pruebas para lo que habría de venir en Europa unos años después) tuvo repercusiones internacionales muy negativas para el bando nacional, la más duradera en el Guernica, el famoso cuadro que pintó Picasso, un lienzo impresionante, apaisado, destinado a sustituir el relieve de la Santa Cena en la devoción de los hogares progres de los años sesenta y setenta. (El conocido dibujo del Che Guevara sustituiría, por su parte, el retrato vertical del Sagrado Corazón de Jesús.)
En medio año, Franco conquistó el norte. Con el acero vasco, el carbón asturiano y los jureles del Cantábrico del lado rebelde, la balanza se inclinaba decisivamente hacia los nacionales. Ya se sabía quién iba a ganar la guerra. Sólo era cuestión de tiempo. Entonces, Franco volvió sus ojos hacia Madrid, que nuevamente se daba ánimos con el «no pasarán».
Los republicanos, en un intento por aliviar la presión enemiga, lanzaron una potente ofensiva por la zona de Teruel. A muchos grados bajo cero, con la piel adherida a tiras a los cañones helados de los fusiles, los dos bandos se zurraron durante interminables semanas en penosísimas condiciones. Franco no sólo recuperó Teruel, sino que prosiguió su avance hasta alcanzar el Mediterráneo a la altura de Vinaroz, dividiendo el territorio enemigo en dos zonas incomunicadas.
El siguiente paso era descender hasta conquistar Valencia, la capital republicana desde la evacuación de Madrid.Parecía que el ejército de la República había perdido toda iniciativa y sólo aspiraba a ganar tiempo y retrasar en lo posible el fatal desenlace.
Entonces, estalló la bomba, la gran sorpresa, la noticia en titulares de todos los periódicos del mundo:en la madrugada del 25 de julio de 1938 los republicanos contra atacaron y cruzaron el Ebro, abriendo brecha en el sorprendido flanco rebelde, por la que introdujeron seis divisiones completas.
Comenzaba la batalla del Ebro (cien mil bajas). Los nacionales, dueños del aire, lograron frenar el avance republicano al día siguiente. Estabilizado el frente, Franco recuperó la iniciativa y durante los dos meses siguientes lanzó hasta siete ofensivas, que el ejército republicano contuvo a costa de rebañar y sacrificar sus últimas reservas. Al final, tres meses y tres semanas después del inicio de la aventura, la República cedió los cuatro palmos de tierra que había ganado y regresó al otro lado del río. Estaban como al principio, pero la izquierda carecía de fuerza para prolongar la resistencia.
Por otra parte, las democracias occidentales la habían desahuciado.Con Hitler suelto por Europa, no estaba el horno para bollos y cada cual se estaba tentando la ropa.
La conquista de Cataluña fue un paseo militar mientras el bando republicano se enzarzaba en estériles discusiones sobre qué grupo político era el responsable de que perdieran la guerra. Después, recobraron la sensatez para decidir si convenía tirar la toalla o seguir recibiendo leña del enemigo. Los comunistas querían continuar, pero sus adversarios políticos abogaban por la paz, que evitaría al pueblo sufrimientos inútiles. La hambruna señoreaba la zona republicana.
El siete de marzo de 1939, en Madrid, los comunistas llegaron a las manos con sus adversarios. Veinte días después, las tropas de Franco entraron en una ciudad donde sus numerosos partidarios (la quintacolumna), y los conversos del miedo o la conveniencia se echaban a la calle con saludos brazo en alto y tremolar de patrióticas banderas rojas y amarillas. A los pocos dias se publicaba la famosa carta de carrillo repudiando a su padre ;En los campos de España, criaban malvas entre doscientos cincuenta mil y trescientos mil muertos. En el exilio (europeo, hispanoamericano o norteafricano), empezaban a coleccionar nostalgias u olvidos unas cuatrocientas mil personas.




«Rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede.» No sabía el pobre Azaña que aún podía ser peor: imbéciles gobernando que se rodean de gente aún más imbécil para parecer algo menos torpes :(
Cuanta razon y sabiduria ,Hay en tu breve comentario.
Perdona,pero encuentro demasiados errores de vocabulario,como el uso de "nacionales" , pienso que deberías cambiarlo por "sublevados" ya que se SUBLEVARON contra el gobierno legítimo de la república. Por otra parte tal vez si llamas a esto un blog sobre la historia tal vez deberías tratar la lucha republicana con más respeto , y no darle ese respeto a los golpistas fasciosos , que es lo que eran, unos PERROS al servicio de los nazis .
SALUD Y REPUBLICA
El respeto es contar la verdad de los hechos , te gusten o no , no creo que sea ejemplo de respeto a nadie , el final de tu comentario , los hechos estan hay para quien quiera conocerlos , no es cuestion de ideologia , sencillamente es lo que sucedio. aunque hay una parte de la histografia reciente que no le gusta usar la palabra nacionales para refererirse a los sublevados, es completamente valido usarla , ademas este texto esta escrito muy anteriormente a estas corrientes de lo politicamente correcto.