1499 : Los viajes Alonso de Ojeda (1499,1502, 1509).

Don  Juan  Rodríguez   de  Fonseca,   que  culminaría   su carrera  eclesiástica ocupando la silla episcopal de Burgos, era,   según Las  Casas, «muy capaz para  mundanos  negocios,  señaladamente  para congregar  gente de guerra para armadas  por la mar, que era  más oficio de vizcaínos quede  obispos». 

Ello explica que  a partir  del segundo viaje colombino,   en  cuya  preparación, siendo arcediano  de Sevilla,  intervino decisivamente,  ocupase cargos de tanta relevancia como presidente  del Consejo de Indias  y miembro  de la Casa de Contratación para asuntos  comerciales. 

Probablemente   fue  este  prelado quien  promovió  o autorizó el primer viaje al Nuevo Mundo capitaneado  por Alonso  de Ojeda,  que  inauguraba  las campañas ajenas al descubridor  genovés. 

Pese a los derechos oficialmente  reservados al almirante colon,  el horizonte  de las  tierras  recién  halladas era  excesivamente  ancho  para  ser  un privilegio  familiar;  así debió  de pensarlo Fonseca cuando  decidio encomendar   una  nueva  expedición  a  Ojeda,  distinguido  por  su  actitud  durante  el segundo  viaje de Colón.

Aunque   sabemos  poco de la carabela  preparada para  esta  campaña,  a la que  quizá se incorporó  otra  apresada  en la costa africana, sabemos que llevaba  entre  sus tripulantes , el cartógrafo Juan   de  la  Cosa,  veterano  de  otras  navegaciones  que  iba  a  perfilar  como piloto  mayor de este viaje su celebre planisferio,  y el florentino Américo Vespucio,  en su primer viaje al continente  que inmortalizó  su nombre;  También se contaban  entre  los tripulantes,  el capitán  Hernando  de Guevara,  los pilotos Juan  Vizcaíno, Juan Sánchez Chamorro y Juan López de Sevilla, así como los contramaestres   Nicola Veneciano y Pedro Mateos .

Ojeda, nacido en Cuenca hacia 1466,tenía  entonces poco  más de treinta  años,  si bien se había  distinguido ya por su  valor  y su  fortaleza  física tanto en la  conquista  de  Granada  como  en la segunda   expedición  colombina,  durante  la  cual llevó  a  cabo  el  reconocimiento  de la isla Guadalupe,  descubrió en la isla Española  la zona montañosa de  Cibao y soportó  con ejemplar  entereza  los ataques  del cacique Caonabó, al  que  apresaría  al  fin,  mereciendo  por  ello  una  concesión  de tierras  en la Managua  dominicana.

Dejando  a un lado las vicisitudes de los tres viajes que él mismo  mandó, Ojeda  vivió pobremente sus últimos años en la isla Española,donde moriría en 1515, quizá, retirado  en  un  convento  franciscano.  La descripcion fisica nos la   destacó  Bartolomé  de Las Casas: «Pequeño  de cuerpo,  pero muy bien proporcionado  y muy bien dispuesto, hermoso  de gesto,  la cara  hermosa  y los ojos muy grandes,  de los más  sueltos  hombres  en correr  y hacer vueltas y en todas otras cosas de fuerzas».

La  primera campaña  de Alonso  de Ojeda  se inició a dos pasos de Cádiz, en  el Puerto  de Santa María, el 18 de mayo de 1499, desde donde se encaminó a  la costa africana. Más tarde se acusó a Ojeda de haber vendido armas y pólvora  a los  moros  de Safi (Marruecos)  y de haberse  apoderado  aquí  de una nave  onubense  con la que  siguió viaje a la isla canaria  de Lanzarote. Debía Ojeda  de  sentirse  pobremente  aparejado,  porque  tampoco  se libró de una denuncia   por  ciertas  sustracciones  de  toneles,  cabos y  aparejos  llevadas  acabo  sobre  otros  buques  fondeados  en  la  misma isla y hurtados  de  un almacén  propiedad  de doña Inés de Peraza, hija de aquella gobernadora  lanzaroteña,   doña Beatriz de Bobadilla,  de quien Colón se sintió enamorado.  De Lanzarote   siguió a Fuerteventura,   Gran  Canaria,  Tenerife y Gomera.

Ojeda   conocía  la  derrota  y  cartas  trazadas  durante  el  tercer  viaje  de Colón,  y pretende ahora  seguir una  vía parecida  aunque  quizá  más próxima a  la línea  ecuatorial.  A los veinticinco días de abandonar  las Canarias avistan los  expedicionarios el continente  americano, más al sudeste de donde lo había hecho  el almirante,  ante las Guayanas,  y costean  la tierra firme pasando por el  extenso delta que el Orinoco dibuja antes de morir en el Atlántico,  para llegar después  al golfo de Paria,  dejando  por estribor  la isla de Trinidad.

Despues de  mantener  relaciones pacíficas con los indígenas de las riberas,  siguieron hacia poniente de la tierra  firme,  se metieron  por las Bocas del Dragón,  entre  aquella  isla y la península  de  Paria.  Ya  en  pleno  mar caribeño, navegaron   a  largo de la costa continental  y se detuvieron en la isla la Margarita,  cuyo interior  reconocieron,  para  hacerlo  más tarde  en Chichiriviche, al sur  de la isla de Bonaire  y no lejos del actual Puerto  Cabello,  donde sostuvieron  escaramuzas con los naturales.  Pasaron  también a la isla de Curaçao,  que bautizaron  de los Gigantes,  y hacia el 9 de agosto, navegando  entre  la isla de Aruba y la península  de Paraguaná,  hallaron un hermoso golfo en cuya ribera occidental llamó la  atención de los españoles un  poblado palafítico,  con viviendas construidas sobre  estacas hincadas en el fondo  del agua,  lo que sugirió, a Américo Vespucio,  el  recuerdo  de Venecia,  razón  del diminutivo Venezuela  qúe hoy da  nombre  al gran país sudamericano. 

Más al sur, llegaron al actual lago de Maracaibo,  que nombraron puerto  de San Bartolomé.  Los nativos  rodearon  con  sus canoas a  las naves españolas,  pero  después  cambiaron  su disposición  amistosa  por  una  abierta  hostilidad,  a  la que Ojeda  respondió  abriendo fuego y causando algunas víctimas. De allí se llevaría una joven prisionera, útil como intérprete,  que le acompañaria en su  siguiente viaje a través del Atlántico.

La  expedición continuó  hacia el oeste,  bordeando  la península  de Guajira  hasta el cabo de la Vela, hoy territorio  colombiano,  representado  por  Juan  de la  Cosa,  en su  carta  firmada  en el año 1500. En este punto,  que señala el límite de sus descubrimientos,  cargaron palo  campeche  y fueron hacia el norte  en busca de bastimentos  y de una buena carena  de la que tan necesitadas iban las carabelas.

El 5 deseptiembre  fondeaban  en el surgidero de Yaquimo,  en la zona de Xaragua,  de la  isla Española,  hoy  bahía  haitiana  de  Jacmel.  Aquí  abandonaron  la  más maltratada   de  sus naves y,  después  de  algunos problemas con  los españoles  residentes  en aquella  isla, Ojeda  partió  hacia el norte,  hizo—pese  a la prohibición  real— algunos esclavos en las Bahamas  y alrededor del  mes de junio  estaba  de regreso  en España.

Aunque   se sirvió de cartas  o relatos  del tercer viaje de Colón,  se ha de atribuir  a  Ojeda  el avistamiento  de una  zona  continental  que  abarca  más o menos  desde los 5° de latitud Norte,  en el actual territorio  de las Guayanas, hasta  el delta  del Orinoco,  ya  observado por  Colón en su tercer viaje, sobre los  9° por  encima de la línea equinoccial; la primera  exploración  por el interior  de la isla Margarita  y el descubrimiento  de las costas e islas que las cartas geográficas   representan   desde  la  península  venezolana  de  Araya  hasta  el colombiano   cabo de la Vela.  Segun parece fue Ojeda el primer español  que puso pie en la América  del Sur.

Si  bien  el primer  viaje no  rindió beneficios  tangibles,  y aún  supuso una  considerable  merma de su patrimonio, Ojeda  comenzó  pronto  a  gestionar  la  organización  de  una nueva  campaña  hacia la  misma región por  él descubierta.  El 8 de  junio  de 1501,  los reyes autorizan  a Rodríguez de Fonseca para que dé licencia a Ojeda a  fin de que pueda volver a la Costa de las Perlas  (zona próxima a Margarita, excluida  la de  Paria)  e  incluso establecer  allí alguna factoría  comercial.  Al mismo  tiempo  se le  nombraba  gobernador  de la  provincia  de Coquibacoa, nombre   actual  de  un  municipio  próximo  a  Maracaibo,  pero  que  entonces designaba   a  lo  que  los  españoles  habían  bautizado como Venezuela.

La  ayuda financiera  de dos socios, Ocampo y Vergara,  que también participarían  en el viaje,  permitió reunir en esta ocasión cuatro naves: La Santa María de la Antigua,  capitaneada  por el citado  García de Ocampo;  la Santa María de Granada,  al mando  del socio Juan de Vergara; la carabela Magdalena, que obedecía a  Pedro  de Ojeda, sobrino  de Alonso,  y el carabelón  o bergantín  Santa Ana, bajo  las órdenes  de Hernando  de Guevara,  veterano  de la expedición anteriormente  relatada,  todos obedientes a Ojeda, capitán general de la empresa.

La  flota partió de Cádiz a principios de enero de 1502 y, quizá huyendo  del mal  recuerdo  que  la  campaña  anterior  había  dejado  en las Canarias,  no  se detuvo  hasta la isla  de Santiago en cabo verde, donde  los tratos con los portugúeses  para  hacer provisiones dieron lugar a varios incidentes. 

Hacia el 10 de marzo,  con la despensa  exhausta  y los estómagos  clamando  consuelo,  llegaron  los españoles  al golfo de Paria y, conforme  a las instrucciones recibidas,siguieron  camino al oeste.  El día  24, a la vista  de la isla Margarita,  un accidente  de mar causó la pérdida  del carabelón  Santa Ana.  Se detuvieron en un punto   de la península  de Paraguaná  que llamaron  Valfermoso, hoy Coro,  sin evitar  refriegas con los naturales.

La  necesidad  aconsejó  a  Ojeda envíar   la nao  Granada, con Juan de Vergara  por capitán,  para  traer  víveres desde  Jamaica,  a donde  partió  el 12 de abril.Ojeda  pasó  el golfo  de  Venezuela  y continuó  hasta  el  puerto  de  Santa Cruz,  actual bahía Honda,  en la península de la Guajira  y a poca distancia del ya  descubierto  cabo  de la Vela.

Pese a la enemistosa  actitud  de los naturales ribereños,  quiso fundar allí, y no en la Costa de las Perlas,  una colonia.  Su propia  gente,  recelosa por el hecho de que Ojeda  hubiese reclamado  el depósito de todo el oro procedente  de los indios, mostraba su descontento,  al que tampoco  eran ajenas el hambre  y las fatigas. La situación  incitó a Juan de Vergara,  ya de regreso de Jamaica,  a aliarse con García   de  Ocampo  para  quitarle  el  mando  a Ojeda  y llevarle  preso  a  Santo Domingo,  lo que sucedía  por el mes de junio de 1502.

Despues de pleitear  en la  Española,  parece  que,  valiéndose de la influencia de Rodríguez  de Fonseca,  consiguió Ojeda volver libre a España  antes  de que  terminase  aquel  año.

Los  pobres  resultados  de  la  segunda expedición  están  bien a la vista: Ni descubrió nuevas tierras, ni llevó a cabo una fundación estable,  ni consiguió mantener  un trato  amistoso con los habitantes  de las tierras  visitadas.

Aunque en  1504 la Corona  había  firmado  una capitulación con  Ojeda, permitiéndole  establecer un asentamiento  en las proximidades  del golfo  de Urabá,  también  llamado   Darién  del Norte,  en la costa  noroccidental  de la actual Colombia,  dejando  a parte el territorio  ya descubierto por Colón  y Rodrigo  de Bastidas,  no  hay ningun dato de que tal  proyecto  se hubiese realizado. 

La Junta  de Burgos de 1507 autorizó exploraciones de Ojeda  en la costa  de Nueva Andalucía,  desde el cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá, reservando  para  Diego de Nicuesa la ribera  del Darién  hoy panameño,  ambos con  títulos  de gobernadores.
Para   esta empresa  consiguió Ojeda  la  colaboración  del sevillano Martín  Fernández  de Enciso,  autor  del que sin duda fue el primer libro sobre el  Nuevo Mundo, «Suma de Geographia que tracta de todas las partes etprovincias  del mundo,  en especial de las Indias» ,  publicado en 1519. Logró  alistar  cuatro  buques  y enrolar  dos centenares  largos  de  hombres, entre   los que iban  dos de especial relieve:  El cartógrafo  montañés Juan de la Cosa,   ahora  teniente  de gobernador,  y un  soldado de 33 años llamado  Francisco Pizarro, que hacía sus primeras escaramuzas por tierras americanas.
                                       
Después  de discutir con Nicuesa el límite de sus concesiones, y de establecerlo  en el actual río colombiano  de Atrato,  el 10 de noviembre de 1509 partió Ojeda  con  sus barcos desde la isla Española.  Pocas jornadas  después  estaban en  la zona de la actual Cartagena  de Indias;  los contactos con los indígenas no fueron  cordiales,  pese a las protestas  del gobernador  justificando  las refriegas.  Juan  de la Cosa,  conocedor  de que los indios usaban flechas emponzoñadas,  recomendó  una actitud comedida,  pero Ojeda atacó; y  aunque  al principio resultó  victorioso,   persiguió  a los  indios en su huida hasta  Turbaco,   donde  los  hábiles  flecheros  sorprendieron   a  los españoles  y les causaron un centenar  de muertos, entre  ellos el propio Juan de la  Cosa.Sólo la imprevista llegada  de Diego de Nicuesa permitió  el desquite de  Ojeda, que causó gran mortandad  entre  los naturales.

El  10 de febrero  de  1510 estaba  Ojeda  en el golfo de Urabá  y funda ese mismo  día la villa de San Sebastián, con un fuerte  para  ponerse a salvo de los  ataques  indios.  El  hambre,  las enfermedades  y las flechas «con hierba» empezaron   a hacer  verdaderos  estragos,  a los que  no ponía  remedio  la presencia  de la nave que  supuestamente  preparaba  Fernández  Enciso en la  isla Española. 

El propio  Ojeda  cae herido de flecha envenenada  y soporta con  la aplicación  de dos planchas de hierro candente,  la tremenda  cauterización  de una  pierna,  así como la invalidez consiguiente.  Era tan grave la situación, que el  gobernador  decide ir  a la  Española  en  busca de refuerzos  y dejar  en San Sebastián  a  sus hombres  al  mando  de  Pizarro,  quien  tampoco  tardaría  en levantar   el campo  y trasladarse  con su gente a un emplazamiento  más saludable  y seguro. Corría el mes de mayo de 1510 cuando Ojeda,  aprovechando la presencia   en  aquellas  aguas de  un  barco  robado  por  un  tal  Bernardino  de Talavera,   consiguió  que  éste le  llevase hasta  Cuba,  y después  de  durísimas peripecias   consiguió  llegar hasta  la  Española. Sus gestiones  no consiguieron  el auxilio necesario para la gente de San Sebastián, y parece  que murió  pobre hasta  el extremo en Santo Domingo,  en 1515.

Salvo   algún  recoveco  costero,  no  puede  decirse  que  Alonso  de  Ojeda hubiese  descubierto  la zona que  va desde Cartagena  al golfo de Urabá,  aguas ya  navegadas  por  Bastidas.  Brilló  su  valor,  pero  con  su  audacia  mezcló  la imprudencia .

De esta última campaña se recordará la  fundación  de la  villa de San Sebastián,  precedente  primerísimo  en  tierra continental de los muchos asentamientos europeos  que  allí registra  la Historia.

Publicado el viernes, noviembre 09, 2012. Etiquetas , , . Puedes seguir cualquier comentario a esta entrada por el RSS 2.0 RSS 2.0. Puedes dejar un Comentario, o trackback a esta entrada

2 comentarios:

  1. pero cuales son los viajes de alonso de ojeda

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  2. los viajes y aventuras de alonso de ojeda. surgieron siguiendo las aguas y rutas ya navegadas de cristobal colon.

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