1911 : La revolución de Emiliano Zapata

Bajo el lema  “Tierra justicia y ley”; Zapata Proclamo  el día 28 de noviembre de 1911 el Plan de Ayala en él  que proponía continuar la lucha revolucionaria hasta lograr la restitución de las tierras a los campesinos.



Los que subscribimos, constituidos en junta revolucionaria para sostener y llevar a cabo las promesas que hizo la revolución de 20 de noviembre de 1910, próximo pasado, declaramos solemnemente, ante la faz del mundo civilizado que nos juzga y ante la nación a que pertenecemos y amamos, los propósitos que hemos formulado para acabar con la tiranía que nos oprime y redimir a la patria de las dictaduras que se nos imponen... "



Con estas palabras comenzaba el Plan de Ayala, promulgado por "los hijos del estado de Morelos, afiliados al Ejército Insurgente que defiende el cumplimiento del Plan de San Luis", como rezaba su encabezamiento.



El manifiesto, que constaba de 15 puntos, acusaba al gobierno de Francisco Ignacio Madero de "haber traicionado los principios con los cuales burló 1a voluntad del pueblo y pudo escalar el poder", anunciaba la expropiación de un tercio de las tierras comunales que habían usurpado los terratenientes, y terminaba llamando al pueblo mexicano a apoyarlo con las armas en las manos" para lograr la prosperidad y el bienestar.



Zapata luchaba en contra de la usurpación de tierras


Fechado el 25 de noviembre de 1911 en Villa de Ayala, el Plan fue firmado en realidad el día 28 en Ayoxustla -estado de Puebla- y había sido elaborado por Emiliano Zapata y por el maestro Otilio E. Montaño.



La primera aparición en la escena política de Emiliano Zapata, indígena que entonces tenía 32 años, se había producido en 1909.



Ese año, fue elegido representante de su pueblo, Anenecuilco, en la Junta de Defensa de las Tierras, creada para luchar por la restitución a los campesinos de las tierras que les habían usurpado los latifundistas.



Desde hacía 35 años, en México había una dictadura



Era entonces presidente de México el dictador Porfirio Díaz, que había llegado al poder en el año 1876 tras un golpe en el que hizo dos promesas que había incumplido: que no se presentaría a la reelección -lo hizo en ocho ocasiones- y que revisaría el problema de las tierras tomadas por los grandes propietarios, pues, lejos de llevar a cabo esto último, en realidad terminó aliándose con los latifundistas.



La larga permanencia de Díaz en el Gobierno y su deslealtad con los compromisos adquiridos hicieron que arreciara el descontento en México. Y, así, se fue gestando poco a poco Un movimiento de oposición al dictador que acabó liderando Francisco Ignacio Madero.



Éste, desde San Antonio, Texas, donde se había refugiado de la persecución gubernamental, lanzó el 5 de octubre de 1910 el Plan de San Luis y convocó al país a un levantamiento general para el día 20 de noviembre de 1910.



Como el programa-manifiesto de Madero recogía las demandas concernientes a la propiedad de las tierras, su llamamiento fue secundado por muchos campesinos y desencadenó insurrecciones en varias ciudades de México.



En el norte, los revolucionarios estaban dirigidos por Pascual Orozco y Pancho Villa. En el sur, los rebeldes, que se amotinaron el l0 de marzo de 1911 en Villa de Ayala, estaban capitaneados por Torres Burgos, pero, tras su asesinato, el 25 de marzo de 1911 ; Asumió la dirección Emiliano Zapata.


Pero pronto ocurrió algo imprevisto: cuando el movimiento revolucionario se había hecho fuerte en el país, Madero y Díaz llegaron a un acuerdo y firmaron el 21 de mayo de 1911 el Tratado de Ciudad Juárez. En él se estipuló el desarme de los rebeldes y se nombró a Francisco León de la Barra, ministro de Relaciones Exteriores, presidente provisional hasta la celebración de elecciones generales.



Cuando éstas tuvieron lugar, salió vencedora por una aplastante mayoría la candidatura de Madero, que asumió la presidencia el 6 de noviembre de 1911 y mantuvo la defensa de los puntos acordados en Ciudad Juárez, lo que suponía la exigencia del licenciamiento de las tropas de Zapata.



Éste se negó a hacerlo y declaró que las mantendría armadas hasta que no se restituyeran las tierras usurpadas. Pero aun así trató de llegar a un acuerdo para evitar el enfrentamiento abierto con el presidente; sin embargo, las presiones ejercidas por los grandes propietarios, que no querían hacer ninguna concesión y consideraban al líder de Anenecuilco un bandido, impidieron llegar a un acuerdo.



Madero exigió a Zapata el desarme de sus hombres



Tras la ruptura de las negociaciones, Madero ordenó al general Victoriano Huerta que terminara por la fuerza con las tropas zapatistas. "Si usted no cumple sus compromisos, con las mismas armas que lo elevamos lo derrocaremos", le escribió Zapata, reprochándole que persiguiera a quienes le habían ayudado a llegar a la presidencia de México. 



"La revolución no se había hecho para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurarse un pedazo de tierra que habría de proporcionar alimento y libertad, un hogar y un porvenir independiente", dijo Zapata, que tenía más desarrollado el sentido de la justicia que el de la acción política.



En ese estado de cosas, los hombres de Zapata no tenían otra salida que volver al principio, a la rebelión abierta. Y para canalizarla mejor, se propusieron elaborar un plan propio que les sirviera de bandera. Fue así como se redactó el Plan de Ayala, que hizo suyos los puntos del Plan de San Luis incumplido por Madero y añadió otros propios.



El Plan de Ayala fue la bandera de la lucha zapatista



"Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres", dijo una vez Zapata. Y, ciertamente, hasta el día de su muerte, el l0 de abril de 1919, no cesó de luchar por las reivindicaciones plasmadas en el documento de Ayala, y estuvieron siempre presentes en su actuación ante los gobiernos de Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza, en el marco de la revolución mexicana. 







Autor Olmo del Río




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